El viaje de mi vida

El viaje de mi vida. La verdad quisiera iniciar este testimonio agradeciendo profundamente a DIOS, sé que este viaje no lo obtuve por casualidad o por suerte, él me lo dio. 

Y quizá en un principio fue muy desconcertante porque me sentía inmerecedora, pero finalmente supe que su voluntad era que fuera y conociera no sólo los lugares donde él creció se desarrollo y murió, sino que percibiera la grandeza de su enseñanza que sintiera su enorme amor hacia la humanidad, y estuviera en contacto con las diferentes religiones que actualmente se profesa en Israel, y así descubrir aún dentro de los conflictos que existen lo maravilloso de sus enseñanzas.

En muchos de los lugares santos pude experimentar sentimientos que me envolvían tanto de dolor como de amor y que finalmente le dieron un sentido de acompañamiento a este peregrinaje. DE AHÍ QUE ESTE VIAJE SE HAYA CONVERTIDO EN UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL INOLVIDABLE QUE ME HIZO CRECER Y ESTAR MÁS CONSCIENTE DE MI COMPROMISO COMO SEGUIDORA DE CRISTO.

Por otro lado a nivel atención, no puedo más que agradecer a Tania por la organización tan profesional de ella con el grupo que nos atendió, siempre estuvierón muy al pendiente de mi mamá y de mí al igual que de cada miembro del grupo, el Guía que nos acompañó fué una persona con alto sentido de responsabilidad, compromiso y conocedora, él y el padre legionario hicieron un gran equipo pues teniamos la parte historica y espiritual, y la verdad fue una bendición ir con un sacerdote pues gracias a su jerarquía pudimos tener misas en muchos lugares santos: El huerto de Getsemaní, El Santo Sepulcro, en Caná,
la Renovación del Bautismo en el río Jordan así como vivir el viacrucis en la Vía Dolorosa. El guía fue muy agradable pues a pesar de ser una persona muy ordenada se adapó tan bien al grupo que hasta bromeabamos mucho por su nombre pues nunca lo recordabamos y eso hacía que a cada rato se lo cambiaramos haciendo de esto un momento de esparcimiento. Se llamaba Rayay y al final hasta lo llamabamos AYAYAY. 


Los hoteles estuvieron muy bonitos, cada uno estaba de acuerdo al lugar por ejemplo en el Lago de Galilea, teníamos una vista hermosa y era muy acogedor te invitaba a la meditación y al recogimiento, el Hotel de Jerusalén tenía una fachada impresionante de un castillo, además que su ubicación era inigualable, contaba con salones donde había exposiciones de copias de objetos sagrados como la sabana santa, la corona y clavos de la crucifixión a lo cual se agregaban pláticas por parte de los padres legionarios quienes son los que administran este hotel, en Jordanía cerca de Petra nos quedamos en un Hotel completamente árabe, parecía como sacado de un nacimiento y finalmente en la capital de Jordanía la cual resulta ser muy cosmopolita con grandes puentes, se asemejaba a San Francisco nos quedamos en un lujoso hotel parecido a un Four Season. La comida fué muy basta siempre teníamos bufette y podíamos repetir las veces que quisieramos, independiente a los hoteles, nos llevaban a restaurantes muy limpios y agradables y aunque la comida no varíaba mucho, siempre habían platillos muy ricos.


La verdad sé que FAMILIA MISIONERA, fue el medio por el cual el Señor me hizo vivir esta experiencia, por lo que también no tengo palabras con que agradecer su esfuerzos y lucha por el trabajo que realizaron, que Dios los bendiga y les siga dando la oportunidad de beneficiar a gente como a mí, pero sobretodo que cada día los llene de su sabiduría para que sigan en esta gran encomienda que es llevar su mensaje. CON CARIÑO ALMA CAMPUZANO